La pobreza tiene rostro de mujer: en todo el mundo, las mujeres sufren más desempleo, sueldos más bajos y más carga de cuidados no remunerados, lo que aumenta el riesgo de pobreza a lo largo de toda la vida, especialmente en familias monoparentales encabezadas por madres.​

¿Qué es la pobreza femenina?

La pobreza femenina o «feminización de la pobreza» describe el hecho de que las mujeres tienen más probabilidad de vivir en situación de pobreza y que esta pobreza es más profunda y persistente.​

Esto se relaciona con desigualdades en el mercado laboral, dificultades de acceso a recursos materiales (propiedad, crédito, vivienda) y una asignación desigual de las tareas de cuidado.​

Datos clave y realidad

  • En España, 6.6 millones de mujeres están en riesgo de pobreza o exclusión social (informe Feminización de la pobreza en España 2025. Análisis y propuestas para su erradicación de EAPN), una realidad estrechamente ligada a la desigual distribución de los cuidados, la precariedad laboral y la falta de corresponsabilidad en los usos del tiempo.
  • Las mujeres presentan también más carencia material y social severa, lo que implica dificultades para cubrir necesidades básicas como alimentación, calefacción o gastos imprevistos.​
  • Organizaciones sociales apuntan que los hogares con cabezas de familia mujeres, las mujeres migradas, rurales y las víctimas de violencia machista concentran los niveles más altos de pobreza.​

Causas estructurales

  • Brecha salarial y segregación laboral: las mujeres tienden a trabajar en sectores peor remunerados, con más parcialidad y temporalidad.​

Carga de cuidados: muchas mujeres reducen jornada o abandonan el trabajo para cuidar criaturas, personas mayores o dependientes, lo que limita ingresos y cotizaciones futuras.​

Menos acceso a recursos y poder: las mujeres tienen más dificultades para ser titulares de propiedades, crédito o activos productivos y tienen menos presencia en espacios de decisión económica y política.​

Propuestas de cambio (nivel institucional)

  • Impulsar políticas de igualdad salarial, penalizando la discriminación retributiva y promocionando la transparencia en sueldos y categorías profesionales.​
  • Garantizar servicios públicos de cuidados (guarderías, atención a la dependencia) y permisos de conciliación corresponsables para que las mujeres no tengan que asumir en solitario los cuidados.​
  • Ampliar el acceso de las mujeres a la propiedad, al crédito y a la formación profesional y digital, especialmente para mujeres rurales, migradas o en situación de desempleo de larga duración.​

Acciones en el ámbito comunitario y personal

  • Apoyar proyectos de emprendimiento femenino, cooperativas e iniciativas de economía social que generen ingresos y autonomía para las mujeres.​
  • Participar en espacios feministas y vecinales que hagan incidencia política para cambiar leyes, presupuestos y servicios desde una perspectiva de género.​
  • Promover un cambio cultural en los hogares: repartir las tareas de cuidado y domésticas, cuestionar estereotipos y educar en igualdad a niñas y niños para prevenir que la pobreza siga teniendo rostro de mujer.

➡️Desde DIGECP trabajamos para impulsar políticas locales que sitúen la corresponsabilidad y los cuidados en el centro de la igualdad real.